Claudio Jorquera Aceituno

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Nombre: Claudio Jorqura Aceituno
Fecha de registro: 6 octubre, 2012

Entradas más recientes

  1. IGNACIO ALIAGA R. EN LA ACADEMIA DE BELLAS ARTES. Fue incorporado el viernes 10 de noviembre. — 12 noviembre, 2017
  2. PATRIMONIO DE MAIPÚ COMO ESCENARIO DE UNA RECIENTE NOVELA CHILENA. La Capilla de la Victoria y el Templo Votivo son lugares donde ocurren importantes acontecimientos. — 23 diciembre, 2014
  3. A PROPÓSITO DEL MUNDIAL DEL 62… Maipú hace 50 años. — 6 octubre, 2012

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Nov 12 2017

IGNACIO ALIAGA R. EN LA ACADEMIA DE BELLAS ARTES. Fue incorporado el viernes 10 de noviembre.

e_DCS_4790El pasado viernes 10 de noviembre, en el Salón de Actos del Instituto de Chile, Ignacio Aliaga Riquelme fue incorporado -como miembro de número- a la Academia Chilena de Bellas Artes. La sesión solemne de incorporación estuvo encabezada por el presidente de esa entidad, señor Luis Merino Montero, acompañado de la secretaria, señora Silvia Westermann Andrade, y por el académico de número, cineasta, señor Silvio Caiozzi García. En esa oportunidad se le confirió la condición de integrante de esa academia, ocupando el sillón número 15.

El discurso de ingreso del nuevo académico tuvo como título “Cine, Cultura y Educación”. Fue una lección sobre la influencia del cine y la interrelación de este con la cultura, la memoria, el patrimonio y la educación escolar. Antecedieron a estas palabras una breve semblanza y homenaje al actor chileno Óscar Arnaldo Berríos Muñoz, académico fallecido en 2016 y que ocupó el sillón que ahora le corresponde a Ignacio Aliaga.

La recepción estuvo a cargo del académico señor Silvio Caiozzi García. En su exposición destacó la trayectoria del cineasta recién admitido, sus obras, su preocupación por la formación de espectadores de cine, su gestión en la Cineteca Nacional y su participación en la promulgación de la Ley de Fomento al Cine, entre otros aspectos. Asimismo, subrayó su paso por la Escuela de Artes de la Comunicación, de la Universidad Católica de Chile, donde obtuvo el título de Director Artístico con mención en Cine.

Finalmente, el presidente de la Academia de Bellas Artes, señor Luis Merino Montero entregó el diploma que reconoce el rango de académico del Instituto de Chile.

Ignacio Aliaga fue un antiguo vecino de Maipú y uno de los estudiantes que egresaron de las primeras promociones del Liceo Maipú. Hasta hace poco tiempo participó en diversas actividades culturales, sociales y políticas locales. Entre sus primeras obras se destaca el documental “Campamento sol naciente”, filmado en la comuna y que muestra el primer campamento liderado por mujeres, en 1972.

Felicitamos a nuestro amigo y nos enorgullecemos de contarlo como uno de los adherentes a Maipú Patrimonial, desde los inicios de esta agrupación.

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Dic 23 2014

PATRIMONIO DE MAIPÚ COMO ESCENARIO DE UNA RECIENTE NOVELA CHILENA. La Capilla de la Victoria y el Templo Votivo son lugares donde ocurren importantes acontecimientos.

IMG_5609_aPocas veces nuestra comuna aparece como el espacio narrativo de una novela o de un cuento y, más aún, agregando dos de sus lugares más significativos. Esto ocurre en Logia, de Francisco Ortega, obra publicada por la editorial Planeta este año 2014.

Al más puro estilo de Dan Brown (El Código Da Vinci, Ángeles y demonios, El símbolo perdido, Inferno, entre otros), el autor construye un texto en el que mezcla las historias de Chile y de América con una conspiración para desprestigiar a la Iglesia Católica y al culto a la Virgen María. Para esto, el novelista une la información histórica con la ficción literaria, modificando algunos hechos, espacios y personajes. Esto le permite imprimir ritmo y suspenso a la narración, crear un protagonista que frustra planes de poderosas corporaciones internacionales, presentar pistas falsas y usar avanzada tecnología. En otras palabras, usa todos los ingredientes de un atractivo thriller, subgénero literario contemporáneo.

Otras narraciones también han incorporado a Maipú como escenario, entre estas Una niña llamada Ernestina (Universitaria, 1989), de Enriqueta Flores, y Formas de volver a casa (Anagrama, 2011), de Alejandro Zambra. Sin embargo, la novela de Ortega crea un mundo narrativo que da una nueva dimensión a los espacios comunales.

Maipú surge en la última parte del libro. Después de recorrer lugares tan disímiles como Shanghái, Londres, Lima, Washington, Madrid, Buenos Aires y Mendoza, el protagonista llega a Santiago. Es un escritor que es usado para encontrar los objetos de valor que supuestamente trajo una cuarta carabela en el viaje de Cristóbal Colón. Este sería un secreto guardado por la Logia Lautarina y la llave para acceder a ese tesoro sería la espada original de Bernardo O´Higgins, miembro prominente de ese grupo iniciático. Descifrando enigmáticos mensajes llega a la conclusión de que esa riqueza está oculta bajo los restos de la Capilla de la Victoria, en Maipú.

La novela presenta –con mayor, con menor o sin ninguna precisión- parte de los orígenes de la comuna y dos de sus lugares patrimoniales más significativos. Independientemente de la valoración literaria, la obra permite visibilizar espacios de Maipú que hasta ahora no habían sido mostrado de esta forma. Dado que la novela ya tiene tres ediciones y se anuncia la publicación en Argentina, México y España, posiblemente muchos que no conocían la existencia de nuestra comuna, ahora sabrán de ella.

Lea el artículo completo con citas textuales de la novela Aquí

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Oct 06 2012

A PROPÓSITO DEL MUNDIAL DEL 62… Maipú hace 50 años.

Al evocar los cincuenta años del Mundial de Fútbol de 1962, no puedo dejar de recordar cómo era nuestra comuna en ese año y cómo vivimos ese campeonato.

La televisión todavía no era masiva. En nuestro pueblo solo unos pocos tenían un receptor. El alcalde de entonces, don José Luis Infante Larraín, compró dos televisores y los puso en cada extremo de uno de los casinos de la medialuna. Ahí vimos el mundial. Ese fue nuestro estadio.

Para llegar al “estadio virtual” que nos proporcionaba la TV, algunos debíamos caminar por entre los árboles del callejón que conducía a la medialuna. A la derecha estaba el estadio municipal, en el lugar que hoy ocupa la Plaza Mayor; a la izquierda,  un gran terreno que servía de cancha para eternas pichangas. Había  sido el espacio del antiguo campo deportivo municipal donde todavía quedaba pasto, gracias a los dos días en que la piscina “soltaba el agua” y lo inundaba.

Cuando se hizo esa competencia, Maipú era un pueblo pequeño. Tenía un  fuerte componente rural, donde grandes extensiones agrícolas rodeaban el núcleo urbano. Se convivía con respeto y tolerancia dentro de la diversidad social y económica. No había colegios con enseñanza media completa, “humanidades” se llamaba en esa época. En las escuelas básicas, “primarias” de ese entonces, compartían  hijos de  comerciantes,  de empleados, de obreros, de profesionales, de funcionarios públicos,  de campesinos.  Eran los mismos que se encontraban en cada partido de Chile, frente a  los televisores en el casino viejo, sin distinciones. Era otro Chile y otro Maipú.

Desde esa fecha han pasado 50 años. Nuestro país ha cambiado. Un tercio de ese periodo ha provocado mucho dolor y tristeza en numerosos compatriotas, incluidos muchos de nuestros amigos y vecinos.  Decisiones de quienes tuvieron la responsabilidad de gobernar, permitieron la ruptura de la diversidad social. Bajo el pretexto de la búsqueda de un mejor desarrollo,  consiguieron juntar a los ricos con los ricos, a los pobres con los pobres y  a los “aspiracionales” con los” aspiracionales”. Dejamos de ser vecinos de una comuna heterogénea e inclusiva y pasamos a ser  catalogados como “integrantes mayoritariamente de los grupos C2 y C3.”

Cuando recorremos la calle que nos conducía a nuestro “estadio del mundial”, en aquel lejano 62, ya casi no hay árboles, ni silencio, ni saludos. Los niños no juegan a la pelota. Hay muchas personas desconocidas entre sí, cuyas miradas no se cruzan. En muchos de los lugares que ocupaban los árboles, hoy hay estacionamientos. Es cierto, existe progreso. Tenemos más calles pavimentadas, más supermercados y malls, más colegios.  El Maipú del Mundial del 62 se ha “desarrollado”. Todo es distinto. No sé si el otro Maipú y el otro Chile eran mejores o peores. Solo sé que eran más sencillos, menos calculadores, menos “exitistas”, más verdaderos, más “gratuitos”.

A lo mejor,  porque éramos así se pudo hacer el mundial que ahora recordamos.  Quizá, porque una autoridad no sacó cuentas del costo-beneficio, ni giraba en torno de un “punto de prensa”, y solo le importó el bienestar de las personas, pudimos ver y disfrutar esa fiesta. Es posible. Era otro Chile, otro Maipú.

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